Magdeburgo 1631 y la conjugacion de un nuevo verbo.

Nuevamente os traemos un articulo interesante de nuestra bitacora hermanaLa Torre Atalaya. Ademas de por el posible interes de dicho articulo, debemos reconocer que lo reeditamos debido a la premura de tiempo del que disponemos, teniendo en cuenta que en dos semanas tenemos nuestro Dia D por las oposiciones, junto con las evaluaciones de mis alumnos, ultimos repasos, etc. Tampoco estamos en condiciones en estos momentos de seguir la actualidad politica y social, que darian para varios articulos, ni tenemos fuerzas de espiritu y fisicas para analizar y criticar lo sucedio en las ultimas jornadas. A partir de mediados o finales de Julio esperamos volver a una frecuencia de edicion mas normal con nuevas secciones y proyectos.

Tras las anteriores disculpas, os dejamos el siguiente articulo, de contenido historico, acerca de la destruccion y la barbarie de la guerra. Esperamos que os resulte interesante.

"En la segunda guerra mundial, uno de los principales jerarcas nazis, tras ser arrasada la ciudad de Coventry (agosto de 1940), en una muestra de humor negro, anuncio que habían inventado un verbo nuevo, Coventrizar, al referirse a la destrucción de una ciudad. Al finalizar la guerra, uno de los responsables de la campaña de bombarderos indiscriminados sobre Alemania, devolvió la “humorada” diciendo que ellos habían conjugado Dresdenizar tras ser arrasada Dresde.

La costumbre de denigrar una ciudad enemiga arrasada sin embargo no solo fue propia de la Segunda Guerra Mundial como veremos a continuación, cuando el 20 de mayo de 1631, Magdeburgo fue tomada al asalto por las tropas imperiales bajo el mando del conde de Tilly.

Este asedio, toma y destrucción de Magdeburgo, se debe encuadrar en la tragedia que supuso para todo el centro de Europa, la conocida como Guerra de los treinta Años (1618 – 1648), que llegado el momento explicaremos en un futuro articulo.

Esta era una rica y prospera ciudad imperial, desde la cual se controlaba el rio Elba, siendo un arzobispado, que se había secularizado tras la Paz de Augsburgo en 1555. Por esta razón, tras redactarse el Edicto de Restauración (1629). Dicho edicto, implicaba que todas las posesiones de la Iglesia que habían sido secularizadas por sus titulares o habían pasado a ser bienes de los príncipes, tenían que ser devueltos. Por tanto, Magdeburgo estaba sujeta a la aplicación de dicho Edicto.

El consejo de la ciudad decidió por tanto y para salvaguardar sus intereses, expulsar a la guarnición imperial de la ciudad y aceptar la ayuda de Gustavo Adolfo de Suecia, soberano luterano, que fue uno de los renovadores del “arte de la guerra” con las reformas que llevo a cabo en su ejercito. A pesar de que el Consejo actuó con cierta ambigüedad acerca de la expulsión de las tropas imperiales, tampoco pretendía romper de forma total con el Imperio. Sin embargo, los grupos mas exaltados de la ciudad tomaron la iniciativa desbordando plenamente a los mas moderados.

La intervención del rey sueco, marco lo que las periodizaciones marcan como tercer periodo de la guerra, la fase Sueca (1630 – 1635) buscando el monarca defender la confesión luterana y convertir el Báltico en un Lago Sueco, frente a cualquier intento imperial de controlar dicho mar si vencían en la guerra Con un ejercito disciplinado para la época y muy móvil se convirtió para muchos como dice el profesor Eduard Escartin en el líder de “una cruzada evangélica en favor del protestantismo alemán, sirviendo de cobertura propagandística para el intervensionismo sueco” (ESCARTIN, E.: “La crisis de la hegemonía española. La guerra de los Treinta Años” en VV.AA.: Manual de Historia Moderna, Barcelona Ariel, 1993).

Francia fue la gran beneficiada de esta Guerra, ya que hasta 1635 cuando se declara la guerra a la Monarquía Hispánica (tan bien analizado su “publicistica” en la tesis del profesor José Maria Jover y recientemente reeditada por el CSIC y la Fundación Española de Historia Moderna. 1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación, Madrid, CSIC y FEHM, 2003) había estado financiado y apoyando de forma “encubierta” a los enemigos de las dos ramas de los Austrias. Por el Tratado de Barwalde, Francia se comprometía a dar a Suecia un subsidio anual a cambio de que se respetase la religión católica allí donde Gustavo Adolfo fuera el vencedor. Sin embargo no todos los príncipes protestantes no se acababan de decidir apoyar abiertamente al rey sueco, jugando con el lenguaje y denunciando las injerencias de potencias extranjeras. Por tanto, como mantiene el profesor Golo Mann, se intento crear un tercer espacio, esta vez de protestantes, pero teóricamente fieles al emperador y que abría la posibilidad de aceptar a sus equivalentes católicos.. Por tanto ni Sajonia ni Brandeburgo, se decidieron apoyar formalmente al ejercito sueco, manteniéndose una teórica neutralidad, de la cual desconfiaba Gustavo Adolfo.

En este contexto se entiende el asedio de Magdeburgo tras expulsar a las tropas imperiales y el asedio que sufrió desde el 13 de enero de 1631, antes de ser arrasada. A pesar de la promesa de ayuda a la ciudad que hizo el rey, decidió no cumplirla por la desconfianza que sentía ante Sajonia y Brandeburgo, ya que temía que pudiera actuar contra su retaguardia en un territorio alejado de sus “cuarteles de invierno”. Este era el único ejercito que podría haber salvado la ciudad, pero decidió que el riesgo era muy alto.

A pesar de este hecho, la ciudad siempre confió hasta ultima hora en que el gran rey luterano les salvase de las hordas imperiales. Mientras duro el asedio, se dieron las labores habituales en este tipo de operaciones, es decir atrincheramientos y labores de zapa y contrazapa que cada vez estaban mas cerca de las defensas de la ciudad. Tilly invito en repetidas ocasiones a rendirse a la ciudad, para evitar el baño de sangre y el saqueo que se daría de forzarse la ciudad, pero con la esperanza puesta en el rey y desconfiando del perdón de Tilly rechazaron estas ofertas.

Finalmente durante la madrigada del 20 de mayo, la ciudad fue asaltada y totalmente arrasada, sin diferenciarse edades, credos o sexos. De los treinta mil habitantes, mas de veinticinco mil murieron por la furia de los soldados, el incendio que arraso la ciudad o intentando cruzar el rio Elba. Los cadáveres carbonizados recorrieron el curso del Elba salvándose de la destrucción la catedral, que como buenos católicos, rápidamente volvió a ser consagrada.

El Imperio había destruido una ciudad imperial. La población católica, parece que no se indigno. Si tras el saqueo en 1576 de la ciudad de Flandes por los tercios, ante el impago de sus soldadas, hizo que católicos y calvinistas se unieran en un momentáneo frente común por la firma del Acta de Pacificación de Gante y la rebelión de las provincias del sur, ocasionando que se firmara por parte de don Juan de Austria el Edicto Perpetuo y ante la no aceptación de su cargo por los estados Generales, tomar el castillo de Namur y vencer al ejercito de los Estados Generales posteriormente para controlar la situación en el sur.

En cambio aquí la situación fue a la inversa. La población católica se divertía de la tragedia que había supuesto Magdeburgo, conjugando un nuevo, verbo, Magdeburguizar.

Saludos a todos.

BIBLIOGRAFÍA.

ESCARTIN, E.: “La crisis de la hegemonía española. La guerra de los Treinta Años” en VV.AA.: Manual de Historia Moderna, Barcelona Ariel, 1993


JOVER ZAMORA, J.,Mª.: 1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación, Madrid, CSIC y FEHM, 2003.

KINDER, H, HILGEMANN, W.: Atlas historico mundial I. De los origenes a la Revolucion Francesa, Madrid, Itsmo, 1994.

MANN, G. HEUSS, A.: Historia Universal. De la Reforma a la revolucion 1, Madrid, Espasa Calpe, 1988."

Articulo publicado originalmente enLa Torre Atalaya (13 - 03 - 05)

NO a la LOE

Saludos y Buena Suerte.


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